COMENTARIO
Al final de la tercera tentación en el desierto el diablo se apartó de Cristo «hasta el momento oportuno» (4,13). Ahora, sirviéndose de Judas (v. 3), vuelve a entrar en escena. Es su hora, la hora del «poder de las tinieblas» (22,53). Sin embargo, ese aparente triunfo fue su derrota, pues Cristo aniquiló con su muerte al que tenía el poder sobre ella, es decir, al diablo, y liberó así a los que con el miedo a la muerte estaban sujetos a la esclavitud (cfr Hb 2,14-15), «porque puso la salvación del género humano en el árbol de la Cruz, para que de donde salió la muerte saliese la vida, y el que venció en un árbol fuera en un árbol vencido» (Misal Romano, Prefacio de la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz).