COMENTARIO
A lo largo de su evangelio —y especialmente en el relato de la pasión— a Lucas le gusta señalar el carácter ejemplar que tiene para el cristiano la conducta de Jesús ante las dificultades. Estos dos episodios, en contraste con el relato de la Cena, dejan entrever la soledad de Cristo y los diferentes sentimientos que animan su vida, tan distintos de los que tienen sus discípulos. Con todo, las palabras de Jesús a éstos son un aliento de esperanza. A pesar de la pequeñez de horizontes que ahora tienen (v. 24; cfr Mt 20,20-28; Mc 10,35-45 y notas), al estar asociados a la humillación de Cristo (v. 28), lo estarán también en su exaltación (vv. 29-30).
«Y os sentéis sobre doce tronos para juzgar a las doce tribus de Israel» (v. 30). El trono es signo de poder real; las doce tribus de Israel son un símbolo para designar la universalidad de la autoridad que Jesús confiere a los Apóstoles. Como ha trasmitido la tradición de la Iglesia, este poder de los Apóstoles se continúa en los obispos, que, «como vicarios y legados de Cristo, rigen las iglesias particulares, que les han sido encomendadas, con sus exhortaciones y con sus ejemplos, pero también con su autoridad y sagrada potestad, de la que usan únicamente para edificar su grey en la verdad y en la santidad, recordando que quien es mayor ha de hacerse como el menor, y el que ocupa el primer puesto, como el servidor (cfr Lc 22,26-27)» (Conc. Vaticano II, Lumen gentium, n. 27).