3. ENSEÑANZA
En el libro primero de los Macabeos, la Ley es el punto central de referencia. La lucha que narra no es tanto entre los seléucidas y los asmoneos, ni siquiera entre los reyes paganos y el pueblo judío, sino entre los que observan la Ley y sus adversarios. La Ley no es simplemente un elenco de prescripciones religiosas, sino el testimonio de la Alianza irreversible que Dios ha hecho con su pueblo y que éste debe custodiar con fidelidad como su más valioso tesoro.
La historia narrada en 1 Macabeos exalta al mismo tiempo los valores humanos y sobrenaturales: la fe engendra el heroísmo, y el servicio a la nación se identifica con el servicio a Dios. La mejor garantía de triunfo en la lucha consiste en apoyarse en Dios. Las armas invencibles son la oración, el ayuno y la lectura de la palabra de Dios8. Lo decisivo no son las fuerzas humanas con las que se cuente ni la magnitud del ejército, sino la ayuda divina.
En 1 Macabeos Dios no comunica expresamente sus designios, sino que los deja ver en el resultado de las acciones emprendidas en su nombre. Los designios divinos están ya contenidos en la Ley y los Profetas, pero cuando se plantean cuestiones que requerirían conocer su voluntad, se espera a que en el futuro aparezca un profeta, como sucede a propósito del destino de las piedras del viejo altar9. Algo parecido ocurre con la misma implantación de la dinastía de los asmoneos: si bien ha sido providencial y a través de Dios ha salvado a su pueblo, al Templo y a la Ley, es, sin embargo, provisional. Simón es aceptado como jefe y sumo sacerdote «hasta que surgiera un profeta fiel»10. Se espera por tanto una situación nueva y una nueva relación de Dios con su pueblo.
La conducta del hombre es juzgada y valorada por su adhesión a la Ley; adhesión que viene a identificarse con el apoyo al partido de los Macabeos. Éstos aparecen como ejemplo de hombres celosos de la Ley y del Templo, misericordiosos con los pobres, y generosos en poner sus bienes y su vida a disposición de la causa del judaísmo. El compromiso en la lucha armada es en 1 Macabeos signo de la defensa de la Ley y del judaísmo. Las crueles acciones de venganza por parte de los Macabeos que aparecen a lo largo del libro se han de comprender en aquel ambiente como expresión de celo y protección de la Ley judía.
4. EL PRIMER LIBRO DE LOS MACABEOS A LA LUZ DEL NUEVO TESTAMENTO
En la época de nuestro Señor Jesucristo seguía vivo el celo por la Ley que vemos reflejado en 1 Macabeos, si bien ese celo era comprendido de distinta manera por los diversos grupos que se habían ido configurando a partir de la encendida defensa de la religión judía. Los fariseos eran los continuadores de los asideos, aquéllos que en un primer momento se unieron a la revuelta macabea11 pero que después mantuvieron otra política12; estaba, por otra parte, el grupo de los saduceos que era más complaciente con la dinastía asmonea; y en el polo opuesto se encontraban los esenios, que rompen incluso con el culto del Templo de Jerusalén, según sabemos por fuentes extrabíblicas. Todos estos grupos, sin embargo, mantenían el celo por la Ley.
A la luz de la fe cristiana, la historia narrada en 1 Macabeos es un testimonio inspirado de cómo Dios fue guiando y dirigiendo la historia del pueblo elegido hasta el momento mismo de enviar al Mesías, a su Hijo Jesucristo. Ningún otro libro del Antiguo Testamento nos acerca tanto al Nuevo Testamento, desde el punto de vista de la narración de la historia, como 1 Macabeos.
En el Nuevo Testamento encontramos reflejados los valores espirituales que configuran la historia de 1 Macabeos; sin embargo, Jesucristo los asumió y los transformó a veces radicalmente. Jesús también manifiesta su adhesión a la Ley de Moisés, enseñando que no dejaría de cumplirse ni una sola iota de la misma13; pero a la vez interpreta y renueva la Ley mediante la forma de cumplirla que Él propone14, y establece una ley nueva de amor entre los hombres, que deja atrás aquella ley del talión que regía los actos bélicos de los macabeos15.
Jesús mostró también su celo por el Templo hasta el punto de hacer un gesto de gran vigor, como la expulsión de los mercaderes16. Pero a la vez declaró que aquel Templo tenía un carácter provisional, y que el verdadero culto a Dios no dependía del Templo, sino de la adoración al Padre en espíritu y en verdad17. Más aún, el Evangelio de San Juan enseña que el verdadero Templo es la humanidad santísima de Jesús18.
Frente a la identificación entre fidelidad a la Ley y rebelión política armada que vemos en 1 Macabeos, en el Nuevo Testamento encontramos la invitación a una resistencia moral y espiritual ante las persecuciones19; y Jesucristo, por otro lado, establece la separación entre poder político y fidelidad religiosa al proclamar: «Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios»20.
Leído a la luz del Nuevo Testamento, cobra un nuevo valor, pues nos ayuda a comprender el trasfondo político y religioso en el que se desarrolla la obra de Jesucristo, y el contraste entre el antiguo y el nuevo pueblo de Dios.
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1 1 M 5,34. 2 Reciben nombre de asmoneos porque, según Flavio Josefo, un antepasado (bisabuelo) de Matatías se llamaba Asmón (Antigüedades Judías 12,265). 3 1 M 2,42. 4 1 M 14,49. 5 1 M 16,24. 6 1 M 14,25-49. 7 1 M 5,10-13; 8,22-32; etc. 8 1 M 3,48. 9 1 M 4,46. 10 1 M 14,41. 11 1 M 2,42. 12 1 M 7,13. 13 Cfr Mt 5,17-19. 14 Cfr Mt 5,20-48. 15 Cfr Mt 5,28-47. 16 Cfr Mt 21,12-17. 17 Cfr Jn 4,23-24. 18 Cfr Jn 2,22. 19 Cfr Mt 10,16-25. 20 Mt 22,21 y par.