3. ENSEÑANZA

Una mirada superficial sobre Lamentaciones podría dar la impresión de que se trata de un libro triste, lleno de expresiones lastimosas ante el dolor de la ruina, que podría inducir al pesimismo: son circunstancias muy duras en la historia del pueblo de Israel, parece que Dios se ha olvidado de sus promesas y de prestar auxilio a sus elegidos. Sin embargo, la lectura pausada de estos cantos ayuda a captar las profundas convicciones de fe que subyacen a las penas y súplicas contenidas en ellos.

Tal vez la primera de esas enseñanzas sea la gravedad del pecado que ha arrastrado a tales desgracias: se recurrió al apoyo de alianzas o poderes humanos para buscar la salvación ante los enemigos, a la vez que se abandonaba a Dios. Por eso, el Señor permitió tal aflicción17.

Pero junto a esta frustración, no falta una llamada a la confianza en Dios, aun en medio de las mayores pruebas y tribulaciones. En efecto, la angustia y el dolor no son una venganza divina por los pecados cometidos, ni el Señor es un Dios lejano que permanezca ajeno a las necesidades de los hombres e indiferente ante el curso de los acontecimientos18. El sufrimiento tiene un valor purificador y puede ser reconducido a la esperanza cuando se afronta con fe en Dios; entonces, mueve a la conversión, y se asume con sentido redentor.

Junto a la confianza en el Señor, resalta el valor de la oración. Si se pide auxilio desde la experiencia de la propia limitación, es porque se confía en ser escuchados por alguien que puede atender esas peticiones y tiene capacidad de poner remedio, porque es Señor del mundo y de la historia19.

Igualmente, puesto que Dios es justo remunerador, que advierte la gravedad del pecado y la veracidad del arrepentimiento, el lector de Lamentaciones es interpelado por el texto sagrado a pensar en sí mismo y en la situación en que se encuentra, y desde ella acudir al Señor reclamando el auxilio de su gracia para llevar a cabo una verdadera conversión20.

4. EL LIBRO DE LAMENTACIONES A LA LUZ DEL NUEVO TESTAMENTO

Si en la tradición religiosa de Israel las Lamentaciones se utilizan para expresar la amargura por las destrucciones y dolores de la ciudad de Jerusalén, y para ponderar el valor redentor del sufrimiento, en la Iglesia los mismos textos han servido para manifestar la consternación por los padecimientos sufridos por nuestro Señor Jesucristo en su Pasión y Muerte Redentora. Por eso, a partir del siglo IX, su lectura comienza a ser habitual en la liturgia de la Semana Santa21. En la actualidad, una parte importante del libro se incluye en la Liturgia de las Horas, más concretamente, en el Oficio de Lecturas de la Semana Santa (año par).

También, y en un sentido espiritual, la meditación sobre la ruina que es consecuencia del pecado, y que mueve a reflexionar ante el Señor en orden a la conversión, ha proporcionado abundantes elementos de reflexión sobre el sentido que tienen el dolor y el desprendimiento total de los bienes terrenos para disponer al alma ante su encuentro con Dios. Por eso, dice San Juan de la Cruz que, en estos llantos, el profeta «pinta muy al vivo las pasiones del alma en esta purgación y noche espiritual»22.

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1 En los códices griegos el orden habitual es Jeremías, Baruc, Lamentaciones y Carta de Jeremías; sin embargo, en la traducción latina, el libro de Lamentaciones ha pasado a leerse inmediatamente después de Jeremías, y la Carta de Jeremías se ha incorporado al libro de Baruc, como un capítulo más. En la Biblia Hebrea los libros de Jeremías y Lamentaciones se sitúan en distintos lugares: Jeremías entre los «Profetas », y Lamentaciones entre los «Escritos». 2 Cfr Jr 52,1-34. 3 Catechesis 4,35-36. 4 Concilio de Laodicea, canon 60 (EB 12). 5 Cfr Dz-Sch 179. 6 Cfr Dz-Sch 1335. 7 Cfr Dz-Sch 1502. 8 En el Talmud y otros escritos judíos antiguos también se denomina Quinot, esto es «cantos de duelo». 9 Lm 1,1-11. 10 Lm 1,12-22. 11 Lm 2,1 y 2,22. 12 Lm 2,5. 13 Lm 3,1-39. 14 Lm 3,40-41. 15 Lm 3,42-66. 16 Cfr Lm 4,13. 17 Cfr Lm 1,5.14.18; 3,42; 4,6; 5,16. 18 Cfr Lm 3,22-26. 19 Cfr Lm 1,9b.11b.20; 2,20; 3,55-66; 5,1-22. 20 Cfr Lm 5,21. 21 Concretamente se leía en el I Nocturno durante el Triduo de Jueves, Viernes y Sábado Santo, según el Ordo romanus XIIIA. 22 S. Juan de la Cruz, Noche oscura 2,7,3. Cfr Dz-Sch 179.