INTRODUCCIÓN

DANIEL

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Esta obra lleva por título Libro de Daniel en virtud del protagonista de las historias que narra, y porque recoge las visiones que el mismo Daniel contó o puso por escrito1. Se asemeja en esto a otros libros proféticos que recogen los oráculos de los profetas a los que se atribuye la obra2. Sin embargo, el caso de Daniel es especial porque no tenemos otros datos sobre su figura histórica. De hecho, algunos estudiosos se han planteado el modo de entenderla.

En la Biblia cristiana el libro de Daniel es el cuarto de los profetas mayores. En las versiones griegas aparece junto con Isaías, Jeremías y Ezequiel, sin guardar un orden fijo; en la Vulgata viene después de Ezequiel por considerar a Daniel un profeta del destierro. En la Biblia hebrea, en cambio, Daniel figura entre «los Escritos», a continuación del libro de Ester y delante de los de Esdras y Nehemías. Esta situación se debe a que cuando fue redactado Daniel ya estaba formado y cerrado el conjunto de libros denominado «los Profetas», que incluía los profetas anteriores, es decir, los que narraban la historia del pueblo desde la entrada en la tierra prometida hasta el destierro (Josué - 2 Reyes), y los posteriores, o sea Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce profetas menores. Sin embargo, en el judaísmo del siglo I d.C. Daniel es considerado un gran profeta, y así lo vemos en el Nuevo Testamento3 y en la obra de Flavio Josefo4.

Las versiones griega y latina del libro nos han transmitido una forma más amplia que la que se conserva en la Biblia hebrea; en concreto, contienen la oración de Azarías y el canto de los tres jóvenes en el horno5, la historia de Susana6 y las del ídolo Bel y del dragón tenidos como dioses vivos por los babilonios7. Judíos y protestantes consideran apócrifos estos pasajes; no así la Iglesia católica que definió su canonicidad en el Concilio de Trento. Por eso entre los católicos se les llama partes deuterocanónicas de Daniel.

1. CONTENIDO Y ESTRUCTURA

El libro de Daniel contiene dos tipos de relatos: aquellos en los que un narrador cuenta una historia sobre Daniel8, y aquellos otros en los que el mismo Daniel narra o escribe sus visiones9. A partir de este dato, y siguiendo el orden que presenta el libro en la mayor parte de los códices griegos y en la Vulgata, su contenido puede dividirse en tres partes:

PRIMERA PARTE: HISTORIAS DE DANIEL Y SUS COMPAÑEROS EN LA CORTE DE BABILONIA (1,1-6,29). El libro se abre con un capítulo que hace de introducción a toda la obra10, y en el que se cuenta cómo Daniel, uno de los judíos deportados a Babilonia, y tres compañeros suyos entran al servicio del rey Nabucodonosor a pesar de no participar de la comida de la mesa del rey, y cómo reciben de Dios una sabiduría extraordinaria —Daniel, en concreto, la capacidad de interpretar visiones y sueños—11. Después se recoge, como para confirmar lo dicho en el cap. 1, la interpretación que Daniel hace del sueño de la estatua tenido por Nabucodonosor12. Daniel conoce el sueño por inspiración divina y sin que se lo cuente el rey, y, además, lo interpreta en relación con el fin de los tiempos. Llama la atención que a partir de 2,4b y hasta el final del cap. 7, que contiene la primera visión de Daniel, el texto esté en arameo. La siguiente historia se refiere a los compañeros de Daniel13. Por no adorar una estatua de oro erigida por el rey son arrojados al horno de fuego, donde entonan cantos de alabanza al Señor, sin que sufran daño alguno; entonces el rey reconoce al Dios de los judíos. Después, Daniel interpreta a Nabucodonosor otro sueño, el del árbol abatido al suelo, cuyo significado se refiere al rey mismo y se cumple puntualmente, por lo que el rey reconoce y alaba al Dios Altísimo14. A continuación, en la corte de Baltasar, hijo y sucesor de Nabucodonosor según el relato, Daniel descifra el significado de las palabras que una mano misteriosa escribe en la pared y por ello es colmado de honores por el rey, que va a morir aquella noche15. Finalmente, cuando Darío el Medo —que, según el libro, sucede a Baltasar en el trono— piensa poner a Daniel al frente de todo el reino, los ministros del rey urgen a éste a promulgar una ley que Daniel no pueda cumplir: no adorar a otro dios que al mismo rey. Daniel es arrojado al foso de los leones pero sale ileso, por lo que también Darío reconoce al Dios de Daniel16.

SEGUNDA PARTE: SUEÑOS Y VISIONES DE DANIEL (7,1-12,13). Recoge cuatro visiones de Daniel. La primera es introducida brevemente por un narrador que la sitúa el año primero de Baltasar y dice que el mismo Daniel la puso por escrito17. Es la visión de las cuatro bestias que surgen del mar y la llegada de alguien como un hijo de hombre a quien se le da el imperio; en la visión Daniel recibe también la interpretación de ella: las bestias representan cuatro imperios, y quienes lo reciben al final son los santos del Altísimo18. La segunda visión, narrada directamente por Daniel, también ocurre en el reinado de Baltasar19. El texto vuelve a estar en hebreo como al principio del libro, y así sigue hasta el final de las visiones. Daniel ve un carnero que es atacado y vencido por un macho cabrío que tiene un cuerno del que, al romperse, salen otros cuatro y luego uno pequeño (Antíoco IV) que se alza contra Dios. Daniel recibe la interpretación de Gabriel: ese cuerno pequeño será destruido y llegará el final. La tercera visión, que sigue narrando directamente Daniel, sucede en tiempos de Darío el Medo20 y le viene a Daniel cuando está investigando en el libro del profeta Jeremías cuánto duraría la prueba del destierro y pidiendo perdón a Dios por los pecados del pueblo. Entonces Gabriel le explica cuándo van a cumplirse los setenta años de los que hablaba Jeremías: son setenta semanas de años y concluirán tras ser destruida la ciudad y el santuario y ser introducida en el Templo la abominación de la desolación. La cuarta visión viene situada por el redactor del libro el año tercero de Ciro el Persa21. En ella Daniel cuenta que ve primero a un hombre vestido de lino que le explica lo que va a suceder en las guerras entre los reyes del norte (los seléucidas) y los del sur (los lágidas), y cómo un hombre abominable (Antíoco IV) traerá las desgracias sobre la tierra santa; pero a éste le llegará su fin, que coincidirá con la venida de Miguel a salvar al pueblo de Dios y con la resurrección de los muertos. Después Daniel ve a otros dos personajes a los que el hombre vestido de lino les comunica cuándo llegará aquel final22.