COMENTARIO
El Arca era un cofre rectangular, de madera de acacia y recubierto de oro por dentro y por fuera. El codo hebreo era la distancia del codo hasta el extremo del dedo medio, unos 45 cm.; por tanto las medidas del Arca serían aproximadamente 1,25 m., por 0,70, por 0,70 m. Los accesorios del Arca, anillas y varales, van encaminados a facilitar su traslado durante las diversas etapas del desierto. El Arca tuvo una importancia enorme en la historia antigua de Israel y, por tanto, adquirió distintos apelativos según los lugares o las tradiciones que la mencionan. Así, se la llama Arca de Dios (en Josué), Arca del Señor (en 1 Samuel), Arca de la Ley (en el libro del Deuteronomio), Arca del Testimonio. Era memorial del pacto entre Dios y su pueblo por contener las tablas de la Alianza; pero era, sobre todo, símbolo de la presencia de Dios (v. 22; cfr 1 S 4,4; 2 S 6,2).
El Arca estaba tapada por una gruesa placa de oro, denominada el Propiciatorio, porque el día de la Expiación (cfr Lv 16,15-16) el sacerdote rociaba sobre él la sangre de las víctimas implorando el perdón de los pecados del pueblo. San Pablo llama a Jesucristo «Propiciatorio», por cuanto en su sangre alcanza el hombre la remisión de los pecados (cfr Rm 3,25).
En los dos extremos del Propiciatorio había dos querubines, probablemente dos figuras de animales alados, que representaban a los seres espirituales o ángeles que sirven de cerca a Dios. Estas figuras, junto con el Propiciatorio, formaban una especie de trono majestuoso desde donde el Señor hablaba (v. 22; cfr Nm 7,89). De ahí la fórmula «el Señor que se asienta sobre querubines» (1 S 4,4; 2 R 19,15; Sal 99,1).