COMENTARIO

 Ex 28,36-39 

El tocado de la cabeza (cfr 39,27-31) constaba de un magnífico turbante o tiara en cuyo centro llevaba una lámina de oro que probablemente tenía forma de flor (como así parece sugerirlo su raíz hebrea: cfr Nm 17,23) —símbolo de vida y salud— con las palabras «consagrado al Señor», es decir, separado de los demás para dedicarse a las cosas de Dios. Este lema vino a significar ante el pueblo que en la persona del Sumo Sacerdote se reparaban los pecados rituales involuntarios. La función expiatoria del sacerdote se irá subrayando con el paso del tiempo, de modo que llegue a ser el objeto principal de su misión: «El Sumo Sacerdote… debe ofrecer expiación por los pecados, tanto por los del pueblo como por los suyos» (Hb 5,3).

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