COMENTARIO
Los baños rituales significaban la pureza interior de los oficiantes. Siempre que se acercaban al altar debían hacer las abluciones de pies y manos (cfr 30,18-21); pero el día de la consagración debían lavarse todo el cuerpo. En la liturgia cristiana las abluciones son muy sobrias para significar la contrición interior; por ejemplo, el lavabo de la Misa es, ante todo, un signo de arrepentimiento acompañado de unas palabras tomadas del Salmo 51.