COMENTARIO
El sacrificio de consagración tiene como característica más propia el ritual de la sangre. Con ella, se unta no sólo el altar, sino también los lóbulos de las orejas, las manos y los pies del sacerdote, que debe estar tan separado de sus conciudadanos como lo está el altar de los objetos profanos. La triple unción concreta las exigencias de su oficio, pues el sacerdote debe escuchar siempre la voz de Dios, debe dedicarse a los trabajos del Templo, y debe caminar santamente. Tal es el sentido de la consagración de los sacerdotes.