COMENTARIO
La comida que sigue a la consagración formaba parte del sacrificio y tenía carácter sagrado, ningún laico podía participar en ella. Además, los restos que quedaran debían quemarse. Todos los detalles del sacrificio de consagración reflejan insistentemente la trascendencia y santidad de Dios. Todo lo que formaba parte del rito, tanto instrumentos como personas, debían reflejar la idea de que a Dios se le sirve en exclusiva.
Las ceremonias de consagración se prolongaban durante siete días (vv. 35-37) porque abarcaban también la consagración del altar y de los demás objetos de culto. Eran celebraciones festivas poniendo así de relieve la alegría de quienes sirven al Señor: «Servid al Señor con alegría, acercaos a él entre gritos de júbilo» (Sal 100,2).