COMENTARIO

 Ex 30,22-33 

El óleo de la unción (cfr 37,29) era una mezcla de aceite de oliva con otras sustancias aromáticas, muchas de ellas importadas y de alto precio. Puesto que el aceite se usaba tanto para el embellecimiento corporal (cfr Rt 3,3; 2 S 12,20; Mt 6,17) como para curar las heridas (cfr Is 1,6; Mc 6,13; Lc 10,34, etc.), la mezcla complicada del óleo de la unción reflejaba una vez más la dignidad del culto y la trascendencia de Dios, que exige la máxima perfección moral a sus servidores.

Con este óleo se ungían, además de los objetos más importantes del culto, a las personas consagradas, en concreto, a los sacerdotes, a los profetas y, muy especialmente, al rey (vv. 25-30; 1 S 10,1). Al rey se le aplicaba el título de Ungido (cfr 1 S 26,9.11.23; 2 S 1,14.16; 19,22). De ahí que este título es el más específico del futuro Rey-Mesías que el Nuevo Testamento aplica a Jesús, Señor Nuestro. «Cristo viene de la traducción griega del término hebreo “Mesías” que quiere decir “ungido” (…). Jesús cumplió la esperanza mesiánica de Israel en su triple función de sacerdote, profeta y rey» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 436).

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