COMENTARIO

 Ex 31,1-11 

Para asegurar que las obras del Santuario se van a realizar con toda perfección, siguiendo las indicaciones divinas, Dios transmite su espíritu de sabiduría, es decir, una extraordinaria habilidad, a los artesanos que Él mismo elige.

La sabiduría, tan apreciada en los pueblos orientales, es, según la Biblia, participación de la sabiduría divina: Dios es el único Sabio que ha llevado a cabo la creación del universo con habilidad y destreza únicas. Por tanto, los más sabios son los que mejor imitan a Dios; no lo son sólo los que gozan de unos conocimientos teóricos ni de una filosofía o capacidad intelectual superior, sino sobre todo los que están dotados de una pericia especial en la realización de lo que Dios quiere. Los artesanos del Santuario poseen la sabiduría para construirlo según el querer de Dios. Más adelante, los libros sapienciales enseñarán que los sabios no son los que más conocimiento poseen, aun cuando éste sea un conocimiento religioso, sino los que viven conforme a él. Es decir, el sabio es el piadoso.

La Sabiduría divina es el atributo que más ampliamente se explica en el Antiguo Testamento, hasta el punto de que llega a personificarse (cfr Pr 8,22-31). En el Nuevo Testamento, por ejemplo en el prólogo del Evangelio de San Juan (Jn 1), se atribuyen al Verbo rasgos de la Sabiduría creadora de Dios.

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