COMENTARIO
Con la imposición de las manos se indicaba que la ofrenda pertenecía al que la presentaba para hacer el sacrificio y que la oblación se hacía en su nombre, aunque fueran otros los ministros que intervinieran en la ceremonia. Sin embargo, también es posible que con este gesto se significara la sustitución del oferente por la víctima, como parece ser el caso en la ceremonia del Día de la Expiación. En ese día, la imposición de las manos del sacerdote sobre la cabeza del macho cabrío que se soltaba en el desierto (16,20-22) probablemente simbolizaba la transmisión de las culpas del pueblo sobre el animal para, de este modo, eliminar los pecados.