COMENTARIO

 Lv 3,1-17 

Todo este capítulo trata de los sacrificios de comunión o sacrificios pacíficos (shelamim). Se solían ofrecer en cumplimiento de un voto o en acción de gracias. Por eso se llaman también eucarísticos. Se podían ofrecer, además, como rito de reconciliación con Dios, como un sacrificio de comunión. De ordinario son sacrificios privados y voluntarios, aunque más tarde adquirieron también carácter de sacrifico público (cfr 23,19). Asimismo se consideraban obligatorios en el cumplimiento de un voto del nazareato (cfr Nm 6,14.17-18).

El texto del capítulo no describe todo el rito de los sacrificios de comunión. Parece que era semejante al del holocausto, con la diferencia de que el animal podía ser una hembra, y no era preciso quemarla del todo, sino sólo la grasa y ciertas vísceras, es decir, las partes más preciadas que, según la mentalidad antigua, eran la sede de los sentimientos (intestinos e hígado) o de la función generadora (lomos y riñones). Característico de los sacrificios de comunión es el balanceo de la víctima. El comienzo del rito se hacía delante del Santuario o Tienda de la Reunión. Sólo después, ciertas partes de las víctimas eran ofrecidas por el sacerdote sobre el altar de los holocaustos.

El resto del animal que no se quemaba era repartido entre el sacerdote y los oferentes, que tenían que comerlo en un lugar sagrado (cfr 7,11-21).

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