COMENTARIO
Además del ganado mayor, se podía ofrecer también ganado menor, aunque siempre sin defecto. La parte consumida por el fuego se consideraba como alimento de Dios. Con este antropomorfismo se significaba que tanto el Señor como los oferentes participaban de un mismo alimento, estableciéndose de esa forma una comunión semejante a la que se da entre los comensales de una sola mesa y un mismo alimento.
Todo ello, unido a su frecuente carácter de acción de gracias, hace que este sacrificio sea el que más se asemeja a nuestro Sacrifico Eucarístico, en donde «puesto que el pan es uno, muchos somos un solo cuerpo, porque todos participamos de un solo pan» (1 Co 10,17).