COMENTARIO

 Lv 4,22-35 

En varios lugares del Antiguo Testamento se refleja la distinta dignidad existente entre los que formaban el pueblo de Israel: la de un príncipe (cfr Ez 44,3), la de un alto dignatario (cfr Esd 1,8), la de los jefes de comunidad (cfr Ex 16,22; Nm 1,16); la menor dignidad correspondía a la del simple miembro del pueblo llano (‘am ha–ares, «el pueblo de la tierra»). Por eso a medida que baja la posición social del pecador, baja la categoría de la víctima ofrecida.

A diferencia de los sacrificios expiatorios mayores, el sacerdote podía ser uno cualquiera y no precisamente el Sumo Sacerdote. También el ritual se simplificaba.

Volver a Lv 4,22-35