COMENTARIO

 Ne 1,1-11 

Las «memorias de Nehemías» exponen en primer lugar los motivos de los que se sirvió el Señor para mover a Nehemías a pedir al rey el permiso para dirigirse a Jerusalén y restaurar la Ciudad Santa. Están escritas en primera persona y con la espontaneidad y el agradecimiento a Dios de quien, pasado el tiempo, recuerda con emoción los esfuerzos realizados al servicio de su Señor.

Al enterarse Nehemías de que la ciudad de Jerusalén estaba desolada, al parecer por algunos acontecimientos recientes que desconocemos, tuvo una reacción profundamente religiosa: comprendiendo que esa situación era consecuencia de las infidelidades cometidas contra Dios, hizo penitencia y, dolido, oró ante el Señor (v. 4). En este sentido, San Beda comenta que así como entonces Jerusalén estaba desolada, «también ahora la Iglesia es afligida, y se duelen con una saludable tristeza los que mirándose a sí mismos observan que, como consecuencia de sus pecados pasados, de los vicios de otros y de la negligencia de quienes podían haber hecho que las cosas fuesen mejor si hubieran corregido a muchos, el diablo tiene un acceso a la Iglesia tan fácil como a través de los muros derruidos de la ciudad» (In Esdram et Nehemiam 3,15).

La oración de Nehemías (vv. 4-11) incluye el reconocimiento de los pecados cometidos, la confianza en que Dios escucha las súplicas que se le dirigen, y la convicción de que sólo Él puede hacer cambiar el curso de los acontecimientos. Recuerda al Señor la promesa que había hecho a Moisés previendo de antemano el destierro (cfr Dt 30,1-4).

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