COMENTARIO
Los que trabajaban en la reconstrucción de las murallas tuvieron que hacer frente a dificultades de todo tipo. La primera llegó de los pueblos de alrededor: Asdod por el este, Sanbalat y el ejército de Samaría al norte, los amonitas al oeste y los árabes en las zonas desérticas del sur se aliaron en contra de los habitantes de Jerusalén. La ciudad estaba totalmente rodeada. En esas circunstancias los judíos comenzaron a decir que estaban desanimados y sin fuerzas para construirla, tal vez intentando disuadir a sus enemigos de realizar un ataque (v. 4). Pero después, al recibir más noticias de las asechanzas que se cernían sobre la ciudad, Nehemías dispuso sus efectivos para la defensa; y, cuando se conjuró el peligro más inminente, dejó preparado un sistema capaz de reaccionar con prontitud ante cualquier agresión que se produjese (vv. 9-17). En una lectura espiritual del texto, aquellos constructores que tienen en una mano el instrumento de trabajo y en la otra la espada son imagen del cristiano que está llamado a edificar el Reino de Dios con obras de amor y caridad, y, al mismo tiempo, a defenderse mediante una lucha ascética constante de las asechanzas del enemigo.