COMENTARIO
Concluida la reconstrucción de los muros de la ciudad y colocadas las puertas, se tomaron las medidas pertinentes para custodiarla y controlar el tránsito por ella. Antes de narrar la ceremonia de la dedicación solemne de las murallas (cfr 12,27-47), el texto sagrado se detiene en la descripción de la restauración de la vida ciudadana y en primer lugar de la repoblación de Jerusalén y de Judá. El tema continuará en 11,1-36, pero antes el hagiógrafo dará cuenta de la renovación de la vida religiosa del pueblo en torno a la Ley (caps. 8-9) y del pacto escrito del pueblo con Dios (cap. 10).
Cuando Nehemías se dispone a realizar un censo de los habitantes de Jerusalén para su repoblación, encuentra una lista de los que habían regresado del destierro (vv. 6-72). Esa lista es la misma que figura en el libro de Esdras (cfr Esd 2,1-67) reproducida aquí con muy pocas variantes. Una de las variaciones significativas es que mientras en Esd 2,70 se supone ya repoblada Jerusalén, aquí (v. 72) se recuerda que los repatriados se establecieron en sus ciudades, sin mencionar a Jerusalén, ya que la tarea de repoblarla la va a llevar a cabo Nehemías, como se narra más adelante (11,1-24). La lista de los repatriados sirve aquí no tanto como recuerdo de los primeros retornados —así sucede en Esd 2,1-67—, sino para comprobar efectivamente quién pertenecía al pueblo y quién no. El que no pertenecía quedaba excluido, y el que no podía probar su pertenencia era al menos suspendido de sus cargos (vv. 64-65). Se considera que el pueblo lo forman los descendientes de los que regresaron del destierro —como antes lo habían formado los que subieron de Egipto— y los que aún permanecen en él. Para nada cuentan los hebreos en general descendientes de Abrahán, ni los que permanecieron en la tierra en tiempos de la cautividad, ni los que habían pertenecido al reino del Norte. La política de Nehemías, a diferencia de lo que había sucedido a la vuelta del destierro cuando incluso los extranjeros que se adherían al Señor eran admitidos en el pueblo (cfr Is 56,1-8), era ahora claramente aislacionista. Este aspecto se pondrá aún más de relieve en el cap. 10 al narrar el pacto que el pueblo hace con Dios. En el conjunto de la historia de la salvación podemos comprender esta reforma de Nehemías como algo que sirvió para salvaguardar la pureza de la fe del antiguo pueblo judío hasta la llegada de Nuestro Señor Jesucristo.