COMENTARIO
Este capítulo continúa la temática del cap. 5 y presenta el compromiso del pueblo a aceptar la reforma propuesta por Nehemías. Sin embargo, el autor sagrado sitúa aquí este pacto, una vez escuchada la proclamación de la Ley hecha por Esdras (cfr 8,1-18), y después de que el pueblo ha reconocido ante Dios sus pecados (cfr 9,1-37). De esta forma realza la unidad entre la obra de Esdras y la de Nehemías, y deja entender que el pacto tenía como fundamento la Ley proclamada por Esdras. Aparece al principio la relación de los firmantes (vv. 1-29), que son ahora los intermediarios de aquel pacto del pueblo con Dios, de manera semejante a como en otras épocas lo fuera Moisés, o Josué o el rey. Como en Dt 5,27; 6,25; Jos 24,16, todo el pueblo se comprometió a guardar esta Ley (vv. 29-30). Los mediadores de la Alianza con el pueblo son sus instituciones y las personas que las representan. Sin duda esto respondía a la situación en que se encontraban, pero no significaba que fuese la definitiva, como pondrán de manifiesto otros libros del Antiguo Testamento, especialmente el de Daniel.
Las cláusulas concretas que se enumeran hacen referencia a las cuestiones especialmente relevantes en el tiempo de la llegada de Nehemías a Jerusalén y que no parece que se hubiesen planteado antes. Nehemías urge al cumplimiento de no emparentar con las gentes del país (v. 31), aplicando lo que en Dt 7,3-4 se dice sobre los gentiles. Tal medida tenía como finalidad salvaguardar la identidad religiosa del pueblo, y, en estas circunstancias, la de los repatriados de Babilonia. Asimismo, Nehemías regula la observancia del sábado que no se cumplía en algunos aspectos y la práctica del año jubilar en lo concerniente a los préstamos (v. 32). Además establece la forma de proveer los medios para el culto, el Templo y su personal, actualizando leyes que se encuentran en el libro del Deuteronomio y de las Crónicas (cfr Dt 14,22-28; 26,1-5; 2 Cro 24,6-9).