COMENTARIO
En el cap. 7 de este libro, al concluir el relato de la reconstrucción de las murallas de Jerusalén, se informó de que la ciudad estaba casi despoblada (cfr 7,1-4) y se incluyó la lista de los que habían regresado del destierro (cfr 7,5-72). Después se abrió un largo paréntesis acerca de la reforma religiosa que llevó a cabo Esdras secundado por Nehemías (cfr 8,1-10,40). Ahora llega el momento de explicar cómo tuvo lugar la repoblación de Jerusalén y del resto de las ciudades de Judá. Los datos pertenecían a las memorias de Nehemías.
Se llama a Jerusalén «la ciudad santa» (v. 1), nombre que se va a emplear con frecuencia a partir de esa época. Así se designa por ejemplo en dos ocasiones en el Evangelio de San Mateo (4,5; 27,53) pero especialmente en el Apocalipsis (11,2; 21,2.10; 22,19) al presentar la nueva Jerusalén como la Esposa del Cordero, una ciudad maravillosa en la que reinan Dios Padre y Cristo, y que es símbolo de la humanidad renovada.
Así como en la Ley estaba prescrito que se debían ofrecer al Señor los diezmos de lo producido por la tierra y también por el ganado (cfr Lv 27,30-33; cfr Dt 14,22-29), ahora se establece que una de cada diez personas fuera destinada a vivir en la Ciudad Santa, consagrada al Señor (v. 1).
La lista de los que se establecieron en Jerusalén y en Judá incluida en vv. 3-20 refleja la situación real de ese momento. Esa lista, con ligeras variantes, fue reproducida en 1 Cro 9,2-17 para hacer notar, lo mismo que ahora, la continuidad existente entre los antiguos pobladores del territorio y los nuevos habitantes de Jerusalén y de Judá después de la restauración. A esta primera lista se añadieron algunos datos complementarios relativos a las personas dedicadas al culto (vv. 21-24), así como un elenco de las ciudades que habitaban en el territorio de Judá y Benjamín (vv. 25-36).