COMENTARIO
Queda aquí reflejada la situación ideal para el autor sagrado. El pueblo es feliz y su felicidad le viene de ver que el culto en el Templo se desarrolla perfectamente. Para ello se han previsto los mecanismos económicos necesarios y todos colaboran a su mantenimiento. En esa situación se ve cumplido el orden que había establecido David y que había recuperado Zorobabel con los primeros repatriados. Ahora se restablece gracias a Nehemías. El que aquí no se mencione a Esdras puede deberse a que lógicamente no aparecería en las memorias de Nehemías.
El cuadro idealizado del fruto de la reforma de Nehemías culmina con la aplicación de Dt 23,4-7 que prohibía admitir en la comunidad a dos pueblos que combatieron a los israelitas antes de entrar en la tierra prometida (cfr Nm 22,2-24,25). Ahora esta prohibición se lleva al extremo y se hace extensible a todos los no judíos. La medida va más allá de lo establecido por Nehemías en su primera misión (cfr 10,31), y puede reflejar una situación posterior, aunque derivada ciertamente de aquellas reformas.
Si bien con rasgos idealizados, y reflejando el contexto propio de esa situación, el pasaje no deja de señalar el bien que supone para toda la sociedad el hecho de que haya personas consagradas a Dios y dedicadas al culto divino y a la oración. Asimismo, conlleva una invitación a alejar todo aquello que en el propio ambiente suponga un riesgo de infidelidad a Dios y a la vocación personal.