COMENTARIO

 Ne 13,4-31 

El libro termina con unos recuerdos de las «memorias de Nehemías» en los que éste habla de su segunda misión, al volver de nuevo a Judá después de que hubiera regresado en el año 433 a.C. a la corte persa (v. 6). Esta segunda misión tuvo lugar antes del año 424 a.C., año en el que murió Artajerjes.

Se ve que las disposiciones de Nehemías en su primera misión no produjeron el efecto que él y la comunidad en el destierro deseaban. O al menos no todos las habían aceptado. Tras su marcha vuelven a imponerse en Jerusalén, e incluso en el Templo, los intereses de Tobías, el amonita (cfr 6,17-19), apoyado por el sumo sacerdote Elyasib, con el que había emparentado (vv. 4-7). Los impuestos para el Templo y los levitas habían dejado de pagarse (vv. 10-13), y los intereses comerciales prevalecían sobre el descanso sabático (vv. 15-22). Pero además, y probablemente como causa de todos estos males (cfr vv. 26-27), Nehemías ve que se siguen dando los matrimonios con mujeres no judías hasta el punto de que algunos pierden su identidad nacional y judía reflejada incluso en la lengua que hablan (vv. 23-25). Nehemías actúa con contundencia en todas estas cuestiones, pero especialmente con la familia del sumo sacerdote Elyasib y con Sanbalat, el gobernador de Samaría. Pero no llega a disolver aquellos matrimonios y expulsar a las mujeres extranjeras con sus hijos como hará Esdras (cfr Esd 10,3.44). Es probable que el sacerdote que Nehemías apartó de su lado (v. 28) encontrase apoyo y se estableciese en Samaría, siendo el inicio, junto con otros, de lo que será más tarde otra rama del pueblo hebreo, los samaritanos.

Como es habitual en la redacción de sus memorias (cfr 5,19 y 6,14), Nehemías interrumpe de vez en cuando la narración para dirigirse al Señor pidiéndole que no se olvide de todo el bien que ha procurado hacer: «¡Acuérdate de mi, Dios mío!» (vv. 14.22.31).

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