COMENTARIO

 Tb 3,11-15 

El gesto de extender las manos hacia la ventana significa probablemente que las extiende hacia Jerusalén, como debía hacer un buen judío al rezar (cfr Dn 6,11). La oración de Sara comienza con una alabanza a Dios e inmediatamente pasa a pedir la muerte (v. 13). Presenta ante Dios su situación: ella es inocente (vv. 14-15) y, sin embargo, se ve condenada a no tener descendencia, por lo que, según la mentalidad judía de aquella época, la vida no tiene sentido para ella, siendo además víctima de las vejaciones de su criada. Pero Sara deja en manos de Dios el posible remedio de su desgracia, como esperando otra alternativa a la muerte (v. 15). Dios puede, en efecto, socorrer por caminos inesperados, porque «la Providencia es el cuidado ejercitado por Dios con todo aquello que existe. (…) Y además son numerosísimos los modos de obrar de la divina providencia: tantos, que no pueden ser explicados con palabras, ni comprendidos con la mente. No se debe ignorar que todas las calamidades buscan la salvación de aquellos que las soportan dando gracias; resultando de ello un gran beneficio para ellos mismos. Pues Dios, según su voluntad antecedente, quiere que todos se salven y lleguen a ser miembros de su reino (1 Tm 2,4): Él no nos ha creado para castigarnos, sino que siendo bueno, quiere que participemos de su bondad» (S. Juan Damasceno, Expositio fidei orthodoxae 2,29).

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