COMENTARIO

 Tb 5,1-23 

La preparación del viaje viene descrita en cuatro escenas con otros tantos diálogos, en los que se va poniendo de relieve cómo la providencia divina se adelanta a las previsiones humanas. Todo el capítulo se centra en la presencia del ángel Rafael que Dios ha enviado (cfr 3,17).

La primera escena (vv. 1-3) es el diálogo de Tobit con su hijo Tobías, y en él se resaltan las dificultades que plantea el viaje y las soluciones que Tobit tiene pensadas. Es el primer paso para que después todo se desarrolle según el plan de Dios. Y es que, en efecto, hemos de actuar como si todo dependiera de nosotros: «Dios es el Señor soberano de su designio. Pero para su realización se sirve también del concurso de las criaturas. Esto no es un signo de debilidad sino de la grandeza y bondad de Dios Todopoderoso. Porque Dios no da solamente a sus criaturas la existencia, les da también la dignidad de actuar por sí mismas, de ser causas y principios unas de otras y de cooperar así a la realización de su designio» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 306).

La segunda escena (vv. 4-8) es el encuentro y diálogo de Tobías con un joven —el ángel Rafael— que curiosamente no sólo reúne todas las condiciones requeridas, sino que se muestra como el más indicado, por conocer a Gabael. Lo que refleja el texto sagrado es ante todo que Dios ejerce su providencia mediante los ángeles, sin que nadie note su deslumbrante presencia. «Desde la infancia (cfr Mt 18,10) hasta la muerte (cfr Lc 16,22), la vida humana está rodeada de su custodia (cfr Sal 34,8; 91,10-13) y de su intercesión (cfr Jb 33,23-24; Za 1,12; Tb 12,12). “Nadie podrá negar que cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida” (S. Basilio, Eun. 3,1). Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 336).

La tercera escena recoge el diálogo de Tobit con el ángel (vv. 9-17). Tobit se preocupa no sólo de que el guía sea capaz de conducir a su hijo a Media, sino de que resulte una buena compañía para él, que sea un buen judío. Los nombres que el ángel pone ante Tobit son significativos: Azarías quiere decir «Dios ayuda», y Ananías «Dios es misericordioso». Tobit los entiende como de sus antepasados, mientras que el ángel los pronuncia como prueba de la protección divina. Es un juego de interpretación. Tobit trata al ángel como a su hijo, pues no sólo le ofrece una paga justa, sino que se preocupa de su sustento igual que lo hace del de su hijo (v. 15).

En la bendición de Tobit al ángel, y en la petición a Dios de que un ángel acompañe a su hijo en el camino (cfr Sal 91,11-12), se da una paradoja, pues Dios ya ha enviado a su ángel que trae las bendiciones para Tobit. Dios se ha adelantado a sus peticiones. Dios sabe lo que necesitamos antes de que lo pidamos (cfr Mt 6,8).

La cuarta escena (vv. 18-23) recoge el diálogo de Tobit con su esposa. Ahí se manifiesta el amor al hijo por encima del aprecio a los bienes materiales, pues éstos sólo tienen un valor relativo. Al mismo tiempo Tobit vuelve a mostrar su confianza en el auxilio divino porque el Señor, dice, escuchará su plegaria (cfr v. 17), y un ángel acompañará a su hijo (v. 22). El lector de la historia, que ya conoce la identidad del ángel, ve cumplidas las palabras de Tobit y le queda así claro que Dios despliega su protección por caminos insospechados para el hombre.

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