COMENTARIO
La primera reacción de los padres de Sara al ver lo ocurrido es la oración, dando gracias, bendiciendo a Dios, y pidiendo la felicidad para sus hijos. Después viene lo demás: corregir el error (v. 18) y celebrar, ahora sí como verdadera fiesta, las bodas. En esta ocasión duran el doble de lo normal (v. 20) como expresión de lo excepcional que ha sido el favor divino. Por el matrimonio Tobías pasa a formar parte como hijo de la familia de Ragüel y Edna. La alegría que llena este matrimonio incoa la alegría con que los cristianos verán el matrimonio convertido en sacramento: «¿Cómo describiré la felicidad de ese matrimonio que la Iglesia une, que la entrega confirma, que la bendición sella, que los ángeles proclaman, y al que Dios Padre tiene por celebrado?… Ambos esposos son como hermanos, siervos el uno del otro, sin que se dé entre ellos separación alguna, ni en la carne ni en el espíritu. Porque verdaderamente son dos en una sola carne, y donde hay una sola carne debe haber un solo espíritu… Al contemplar esos hogares, Cristo se alegra, y les envía su paz; donde están dos, allí está también Él, y donde Él está no puede haber nada malo» (Tertuliano, Ad uxorem 2,9).