COMENTARIO

 Tb 14,1-11 

Tobit es presentado con los rasgos de los antiguos patriarcas, tanto por la edad avanzada en la que muere, como por el testamento que pronuncia antes de morir, semejante a los Testamentos de los doce patriarcas según han llegado en una obra apócrifa que lleva ese nombre. Como en esos testamentos también el autor del libro de Tobías hace un breve resumen de la vida del protagonista, en este caso Tobit, y transcribe después el testamento que deja a su hijo antes de morir. En él se habla de lo que va a ocurrir en un tiempo próximo y lo que ocurrirá cuando Dios cumpla definitivamente sus promesas (vv. 3-7). También como en aquellos testamentos, Tobit da exhortaciones sobre la conducta que han de guardar sus descendientes (vv. 8-11).

La vida de Tobit viene resumida en haber soportado pruebas, haber dado limosnas y haber bendecido al Señor. Un magnífico balance. La recomendación a su hijo Tobías de que salga de Nínive y vaya a Media viene apoyada en la fe de Tobit en que han de cumplirse las palabras de los profetas. Se cita expresamente a Nahúm, cuyos oráculos contra Nínive se conservan en el libro que lleva su nombre, transmitido en la colección de los doce profetas menores. Pero se piensa, al mismo tiempo, en todos los profetas, incluidos aquellos que posteriormente predijeron la ruina de Jerusalén, la cautividad de Babilonia y la vuelta del destierro (Isaías, Jeremías, etc.). En el testamento de Tobit se encuentra además el eco de otras voces que conocemos por la literatura apócrifa, como los libros de Henoc, y que consideran provisional el Templo reconstruido a la vuelta del destierro en el siglo VI a.C. En este sentido Tobit habla de un futuro lejano en el que el Templo será construido según el modelo anunciado por los profetas (cfr Ez 40-44), todas las naciones de la tierra se convertirán, los israelitas serán congregados de entre las naciones y los pecadores desaparecerán de la tierra (vv. 5-7). Esas mismas perspectivas las encontramos en algunos pasajes de los Testamentos de los doce patriarcas, y quedan recogidas, si bien en otro lenguaje aún más simbólico, en el libro de Daniel (cfr Dn 9,24). La recomendación de Tobit a su hijo anunciándole las catástrofes futuras sobre Nínive encuentran un parecido en las palabras de Jesús cuando recomienda a sus discípulos que abandonen Jerusalén, anunciándoles también las desgracias que han de venir sobre la Ciudad Santa y uniéndolas a lo que sucederá al final de los tiempos (cfr Mt 24,15-28 y par.).

Las exhortaciones de Tobit se dirigen primero a sus descendientes (v. 8), y luego directamente a Tobías, instándole de nuevo a que abandone Nínive en cuanto haya cumplido sus deberes filiales con su madre (v. 9). Pero esta vez el argumento es la corrupción que reina en la ciudad, y le pone como ejemplo el caso de Ajicar. Éste, en efecto, según se cuenta en la obra llamada «Sabiduría de Ajicar» (cfr nota a 1,21-22), había sido condenado a muerte por el rey Senaquerib a causa de la traición y acusaciones de su sobrino Nadab, pero consiguió escapar a la sentencia con ayuda de un amigo, y esconderse de su sobrino. Más tarde el rey necesitó de sus consejos y lo rehabilitó; pero Ajicar continuó instruyendo a su sobrino. En el recuerdo que se hace de Ajicar en el libro de Tobías se atribuye su triunfo a haber hecho limosnas. Éste es un estribillo constante del libro de Tobías: la oración es escuchada cuando va acompañada de las obras, especialmente de la limosna: «Los que oran no pueden presentarse ante Dios con súplicas vacías, desprovistas de frutos. Una súplica estéril no tiene eficacia ante Dios. Así como todo árbol que no da fruto es cortado y arrojado al fuego, del mismo modo también la oración desprovista de fruto, es decir, no fecunda en obras buenas, no puede merecer ante Dios. Por ello la divina Escritura nos instruye diciendo: Buena es la oración con el ayuno y la limosna. (…) En efecto, las oraciones acompañadas con los méritos de las buenas obras suben inmediatamente ante Dios. Así se lo testificó el ángel Rafael a Tobías» (S. Cipriano, De oratione dominica 32-33).

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