COMENTARIO

 Jdt 1,1-7,32 

El libro de Judit es una invitación a la esperanza en Dios, que nunca abandona a su pueblo si éste permanece fiel. Sus relatos se despreocupan de la historia y de la geografía, pero ofrecen un marco admirable para una narración teológica. En la primera parte se cuenta la campaña militar realizada por un ejército extranjero de extraordinario poderío que pretende conquistar Jerusalén. Después de una larga marcha triunfal, llega a una pequeña ciudad, Betulia, último reducto defensivo de los judíos que podía detener el avance en dirección a la Ciudad Santa, y la somete a tal asedio que Betulia está a punto de rendirse.

El texto subraya que las terribles desgracias que las tropas traen consigo, son el resultado del afán de venganza de Nabucodonosor, un rey muy poderoso que se siente herido en su orgullo personal. Desde el comienzo del relato se subraya el potencial guerrero de su ejército: fue capaz de vencer en solitario a sus poderosos enemigos, pues nadie quiso prestarle ayuda (1,1-16); una vez alcanzada la victoria, toma represalias contra los que rehusaron auxiliarle, y su ejército mandado por Holofernes los derrota uno tras otro (2,1-3,10). Cuando en su avance triunfal se acerca a los judíos, éstos se preparan a hacerle frente atemorizados e invocando la protección de Dios (4,1-15). A pesar de la situación desesperada, el lector comienza a percibir que hay motivos para la esperanza. Cuando los jefes de las tropas enemigas están planeando el modo de acometer a los israelitas, un personaje de ese ejército, Ajior, el amonita, advierte a sus aliados de la fortaleza del pueblo al que se disponen a atacar cuando es fiel a su Dios (5,1-6,21). Pese a todo, la expedición sigue adelante, ponen cerco a Betulia, y su población llega a estar tan angustiada que se fijan un plazo de cinco días para presentar su rendición (7,1-32).

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