COMENTARIO

 Jdt 1,1-16 

El enemigo es presentado como la síntesis de las potencias que habían causado el hundimiento de Israel y de Judá: la fuerza de Asiria (cfr 2 R 17,5-6) y el orgullo de Babilonia (cfr 2 R 24,10-25,21). Nabucodonosor no fue en realidad rey de los asirios en Nínive (v. 1), pero es el prototipo de gobernante poderoso, opresor y ensoberbecido en su dominio. El autor sagrado, que elabora una narración con fines didácticos más que históricos y cronológicos, se sirve de esa figura para aludir a los opresores seléucidas, que dominan sobre los judíos cuando se escribe el libro. De hecho el monarca aquí es descrito como un rey orgulloso y lleno de poder, que va extendiendo su dominio por todo el Oriente Medio. Primero planea enfrentarse en una gran batalla al rey Arfaxad, de quien se indica su poder ponderando la magnitud de las murallas con las que fortificó su capital, Ecbatana. A pesar de que Nabucodonosor buscó aliados para asediarla no los encontró, y prometió vengarse de los que no habían secundado sus proyectos. Con todo, el poder de su ejército era tal que pudo conquistar Ecbatana sin la ayuda de nadie. De este modo se enfatiza su enorme dominio.

Volver a Jdt 1,1-16