COMENTARIO
Los israelitas recibieron con temor las noticias del avance de Holofernes y se dispusieron a resistir. De una parte, se aprestaron a la lucha preparando fortalezas, reuniendo alimentos y distribuyendo a sus hombres en posiciones estratégicas (vv. 4-8). De otra, se esforzaron en buscar la ayuda de Dios mediante la oración y la penitencia (vv. 9-15).
El mensaje del libro aparece cada vez con más claridad. La lucha se plantea ante todo en el plano religioso. El ejército enemigo representa la fuerza de la impiedad y el orgullo de quien piensa que tiene todo el poder y no necesita contar con Dios. Los hijos de Israel son, por el contrario, hombres piadosos conscientes de que sólo en Dios pueden encontrar fortaleza, y de que la súplica es el mejor modo de reconocer su dependencia de Dios: «Mediante la oración de petición mostramos la conciencia de nuestra relación con Dios: por ser criaturas, no somos ni nuestro propio origen, ni dueños de nuestras adversidades, ni nuestro fin último; pero también, por ser pecadores, sabemos, como cristianos, que nos apartamos de nuestro Padre. La petición ya es un retorno hacia Él» (Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2629).