COMENTARIO
«Se humilló profundamente», literalmente «humillaron sus almas con fervor», es la traducción griega de una expresión hebrea referida al ayuno (cfr 4,13; Lv 16,29.31; 23,27). La Ley prescribía el ayuno sólo para el día de la Expiación (Yom kippur); pero, por indicación de los profetas, su práctica como muestra de penitencia, se vinculó (cfr Jl 1,14; 2,12.15; Za 8,19) a otras manifestaciones penitenciales como la oración, el vestir de saco, cubrirse la cabeza con polvo o ceniza, dormir en el suelo, etc. Tenía que ser señal de arrepentimiento y humillación. El profeta Isaías recuerda su valor simbólico como manifestación del deseo de abstenerse de toda obra mala (cfr Is 58,3-5). En la época posterior al destierro llegó a ser una práctica habitual entre los judíos piadosos, que ayunaban dos días por semana (cfr Lc 18,12). Esta costumbre queda reflejada en 8,5-6 y en los libros de Tobías (Tb 12,8) y Ester (Est 4,16). Ante la amenaza de graves calamidades públicas se recurría al ayuno junto con la oración para implorar la misericordia de Dios (cfr Jon 3,5; 2 M 13,12).