COMENTARIO
La segunda parte del libro narra el desenlace del drama. Comienza con la entrada en escena de una viuda joven y temerosa de Dios, que a pesar del desánimo generalizado se mantiene llena de confianza en el Señor y se apresta a intentar por sí sola la salvación del pueblo. Primero, ora confiadamente a Dios poniendo en sus manos el buen éxito de su propósito (8,1-9,14). Después, se dirige llena de audacia al campamento enemigo y consigue hablar con Holofernes, que cautivado por su hermosura y sensatez la acoge bien. Tras un banquete en el que Holofernes había bebido en exceso, Judit se acercó al lecho en que yacía y le cortó la cabeza. Aún de noche logró salir del campamento y se encaminó a Betulia llevando como trofeo la cabeza del jefe enemigo (10,1-13,20). Ajior, el comandante de los amonitas acogido por los hijos de Israel, al enterarse de lo sucedido creyó en Dios y se incorporó a la casa de Israel (14,1-10). Cuando las tropas del poderoso ejército que sitiaban Betulia descubrieron que Holofernes había muerto, huyeron presa del pánico (14,11-15,7). El libro termina exaltando la figura de Judit, pues por medio de ella y gracias a su fe y confianza en Dios, el Señor hizo grandes bienes a su pueblo (15,8-16,25).