COMENTARIO

 Jdt 8,1-8 

En hebreo el nombre de la protagonista, Judit, quiere decir «judía». Se trata, pues, de un gentilicio empleado como nombre propio. En la Biblia, el único antecedente de este nombre es el de una de las mujeres de Esaú (cfr Gn 26,34), Judit, hija de Berí, el hitita; tal vez por eso y para subrayar la pertenencia de Judit al pueblo elegido se ofrece su genealogía hasta Jacob. Estos datos hacen pensar que para el autor sagrado Judit representaría a toda la nación judía. De hecho, en el himno que cierra el libro la personalidad de Judit se confunde con la del pueblo elegido. En la genealogía no se dice a qué tribu pertenecía, pero más adelante (9,2) alude a su pertenencia a la tribu de Simeón. Los nombres de Salamiel y Sarasadai figuran en Nm 1,6 (en hebreo, Selumiel y Surisaday) entre los príncipes de aquella tribu. El difunto marido de Judit, Manasés, pertenecía a su misma tribu y familia, pues era costumbre de los judíos piadosos contraer matrimonio entre los del mismo clan (cfr Tb 4,12).

Judit reúne todas las cualidades que se podían desear en una mujer, desde la hermosura hasta una posición económica acomodada y una piedad ejemplar. Para poder vivir retirada y dedicarse a la oración se construye en la parte alta de la casa una especie de cabaña o tienda. Ese tipo de construcciones no eran desacostumbradas (cfr Jc 3,20; 2 S 19,1; 2 R 4,10; Ne 8,16).

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