COMENTARIO

 Jdt 14,11-15,7 

El ejército que había recorrido un largo camino triunfal y se encontraba preparado para atacar a los israelitas (5,1ss.), se deshace en desbandada ante el poder del Dios de Israel que ha dado muerte a su general por medio de una mujer. Cada cual huyó como pudo. Los israelitas los persiguieron y lograron una gran victoria y un espléndido botín. La fuerza de los poderosos que confiaba en sus recursos humanos quedó deshecha por el poder del Señor. De Judit se ha alabado su valor, pero también su sabiduría: «Pues con su mano vencería solamente a Holofernes, mientras que con la inteligencia venció a un ejército de enemigos. En efecto, habiendo levantado la cabeza de Holofernes —cosa que la sabiduría de los hombres no fue capaz de pensar—, levantó el ánimo de los suyos y quebrantó el de sus enemigos, incitando a los suyos con el sentido del honor, infundiendo terror en los enemigos, que por esto fueron vencidos y puestos en fuga. Así la templanza y la sobriedad de una sola viuda no sólo vencieron su propia naturaleza, sino —lo que es más importante— hizo también más fuertes a los hombres» (S. Ambrosio, De viduis 7,41).

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