COMENTARIO
El libro de Judit había comenzado describiendo la exaltación orgullosa de Nabucodonosor. La acción de Dios por medio de Judit puso fin a su engreimiento. El libro concluye con la exaltación de Judit, la viuda humilde que puso sólo en Dios su confianza (vv. 21-24). San Ambrosio ensalza la vida sencilla y ordinaria que llevó Judit en sus últimos días: «No abandonó su fidelidad a la viudez, sino que despreciando a todos los que querían casarse con ella, se quitó el vestido de fiesta y se volvió a poner el de viuda, y ni siquiera apreció los adornos de sus triunfos, estimando que aquellos con los que se vencen los vicios del cuerpo son mejores que aquellos con los que se derrotan las armas de los enemigos» (De viduis 7,42).
A la luz del Nuevo Testamento se entiende con mayor claridad la lógica de Dios que este libro refleja: el Señor «derribó de su trono a los poderosos y ensalzó a los humildes» (Lc 1,52), pues, como enseñó Jesús, «todo el que se ensalza será humillado; y el que se humilla será ensalzado» (Mc 14,11; Lc 18,14; Mt 23,12).