COMENTARIO
El cántico de Judit es una de las más bellas piezas poéticas del Antiguo Testamento por la riqueza de las imágenes y la profundidad del contenido. Se pueden distinguir cuatro partes: introducción, con la invitación a alabar a Dios y un breve resumen de los motivos de acción de gracias (vv. 1-2); exposición de los acontecimientos, desde la invasión asiria hasta la victoria conseguida por Judit (vv. 3-12); canto de alabanza a Dios por sus maravillas (vv. 13-15); invitación a la confianza y amonestación a los enemigos de Israel (vv. 16-17).
El himno comienza de modo similar a los Salmos de alabanza y acción de gracias (cfr Sal 81,2-4; 149,1-3). Los tambores (literalmente «tímpanos») y los platillos se mencionan también en el Sal 150,4-5. Su música servía como acompañamiento festivo del canto.
La expresión «Dios que quiebra las guerras» (v. 2), indica el poder divino que derrota al enemigo en la batalla. Es éste un atributo de Dios mencionado en algunos Salmos (cfr Sal 46,10; 68,31; 76,4) y que Judit ya había empleado en su oración (cfr 9,7).
La parte final del himno presenta muchos paralelismos con otros textos poéticos del Antiguo Testamento. Son varios, por ejemplo, los Salmos que empiezan con un exhortación a entonar un cántico nuevo a Dios (Sal 33,3; 95,1; 96,1; 144,9; 149,1). Además, la exaltación de Dios creador se encuentra en muchos lugares con acentos parecidos, por ejemplo en Sal 86,10; 148,5 y sobre todo en los Sal 33,6-9 y 104,1-8.29-30.