COMENTARIO

 1 M 1,29-40 

Comienza ahora la persecución sistemática de los judíos en la propia Jerusalén. Se da muerte indiscriminadamente a la población arrebatándoles sus bienes. Además, una fuerza del ejército de Antíoco se instala en la colina de la parte occidental de la ciudad donde construye una fortaleza, llamada el Acra o Ciudadela, desde la que se dominan el Templo y la parte baja de Jerusalén. El acceso al Templo queda así controlado e impedido (cfr 2 M 5,24-26).

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