COMENTARIO
Según 3,29 Antíoco había emprendido aquella expedición para remediar la ruina económica que había causado al imperio la guerra contra los judíos. Ahora se dice que fueron las noticias llegadas al rey sobre aquella guerra las que le causan la muerte. Los datos que aquí se dan sobre la muerte de Antíoco coinciden con los de 2 M 9,1-29 sólo de forma muy genérica. 1 M habla de Elimaida como una ciudad, cuando parece que se trata de una región de Persia (Elam) donde se encontraba la capital, Susa. El rey muere a causa de la depresión que le producen las noticias de las victorias judías y reconoce que ha obrado mal con los judíos. Sin embargo no llega a invocar al Dios de Israel como en 2 M 9,13. Por su parte, 2 M presenta un relato más trágico. No obstante, en ambos libros queda claro que Antíoco se da cuenta de que al perseguir a los judíos y profanar el Templo de Jerusalén se ha enfrentado a alguien mucho más poderoso que él, y que por eso recibe un castigo divino. En la tradición cristiana (S. Hipólito, In Danielem 4,49; S. Jerónimo, Commentaria in Danielem 11), Antíoco quedó como el primer modelo del Anticristo que por un tiempo quiso sustituir a Dios pero que finalmente es vencido por Él.
La muerte de Antíoco, consecuencia de su frustración por no lograr su intento de erradicar el seguimiento y el culto del verdadero Dios, representa de algún modo la tragedia que experimentan quienes intentan positivamente erradicar a Dios de su propia vida o de la sociedad.