COMENTARIO

 Jb 1,1-5 

Según la doctrina reflejada en los libros históricos y en la sabiduría tradicional recogida en los Proverbios y en los Salmos, la prosperidad era consecuencia del buen obrar; por eso, el que conservaba su pureza, justicia y temor de Dios era bendecido con riquezas e hijos. Conforme a esta doctrina, el protagonista, Job, es presentado gozando de riquezas abundantes y de descendencia numerosa por ser un hombre ejemplar (v. 1).

El número de hijos es señal de plenitud en la paternidad: tanto el número siete como el tres indican perfección. En el epílogo el Señor le duplicó todos sus bienes, pero le mantuvo el mismo número de hijos e hijas (cfr 42,10-15).

La costumbre de reunirse de vez en cuando en la casa de cada hermano (v. 4) muestra la posición holgada de todos ellos, pero también la armonía de la familia y, de modo especial, la piedad de Job que en esas ocasiones ofrecía holocaustos expiatorios por cada uno, por si habían ofendido a Dios (v. 5).

Con las pinceladas sobre la virtud, los hijos y las costumbres familiares, queda bien descrita la figura de Job. No se indica su genealogía, quizá porque se quiere presentar como modelo universal, ni se dan demasiados detalles geográficos; de Us únicamente se sabe que era una zona/tribu edomita del sur de Canaán. Tampoco hay datos cronológicos. Job viene a ser, por tanto, ejemplo para los israelitas, pero también para los gentiles. Es así modelo imitable por cualquier persona de toda región y época.

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