COMENTARIO
La actitud de Job se refleja en sus gestos y en sus palabras. Los gestos de duelo, habituales en la Biblia, como se ve en la historia de José (cfr Gn 37,34) y en el luto de David (cfr 2 S 1,11; 13,31), manifiestan un profundo dolor y tristeza. Las palabras forman un bello poema que subraya la condición del hombre como criatura débil e impotente. Job experimenta la desnudez total del ser humano y la soberanía absoluta del Señor, el único con poder para dar y quitar, y manifiesta su rendida aceptación de la voluntad divina. San Gregorio Magno subraya en su comentario estas buenas disposiciones: «Si hemos recibido de Él los bienes que empleamos en esta vida, ¿por qué dolerse si el mismo Juez nos exige lo que generosamente nos había prestado?» (Moralia in Iob 2,31).
Delante de: «Bendito sea el Nombre del Señor» (v. 21), la versión de los Setenta y la Vulgata añaden: «Como Dios ha dispuesto, ha sucedido». Probablemente es una adición tardía que extrae una enseñanza universal del caso concreto de Job.
En esta brevísima reflexión aparece hasta tres veces el nombre propio del Señor (Yhwh), de modo que quien lo pronuncia expresa una profunda fe en el Dios de la Alianza y un acatamiento sincero de los designios divinos.
La primera escena termina con el triunfo rotundo de Job que, lejos de maldecir al Señor como preveía Satán (v. 11), le bendice abiertamente (v. 21). El autor sagrado dictamina a su favor señalando que ni pecó ni cometió necedad. Satán se había equivocado.