COMENTARIO

 Jb 4,1-5,27 

En el relato en prosa Elifaz es mencionado el primero y aquí es el primero de los amigos en tomar la palabra (2,11), probablemente por ser el más anciano. Habla con dignidad y como quien goza de autoridad. Propiamente no responde al monólogo anterior de Job, puesto que en ningún momento recrimina sus palabras. Más bien pretende dar una lección (5,27) y explicar el sentido de la situación deplorable en que Job se encuentra. Apela a una revelación personal (4,12-21).

El largo discurso consta de dos partes. La primera contiene una breve interpelación introductoria (4,2-6), unas reflexiones tomadas de la experiencia (4,7-11) y la descripción de una visión nocturna aducida como argumento (4,12-21). La segunda parte comienza con nuevos datos de experiencia (5,1-7), un canto a la sabiduría del Dios Creador (5,8-16) y una bienaventuranza para infundir ánimo al que sufre (5,17-27).

En este primer discurso Elifaz emplea un estilo amigable, pero un tanto magisterial, cargado de enseñanzas y consejos hacia un discípulo poco sagaz. La doctrina es firme y acorde con la tradición sapiencial de la época: por encima de todo hay que mantener la retribución inmediata e implacable que consiste en que Dios castiga al pecador y concede bienes al justo (4,7-9). De este principio se deduce que la desgracia, la enfermedad y el dolor son siempre consecuencia de un pecado. Como para no herir a Job arguye que todos, hombres y ángeles, tienen alguna falta ante Dios (4,17-19), y por eso le invita a recurrir a Él reconociéndose pecador, para poder remediar el castigo. De ahí el consejo final: «Escúchalo y aprovéchalo» (5,27).

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