COMENTARIO

 Jb 6,1-7,21 

Frente a la doctrina teórica de Elifaz, Job expone su condición de enfermo y su debate interior entre aceptar el designio divino y defender su inocencia personal. ¿Quién es el causante del sufrimiento, sino Dios? ¿Cómo conocer lo que Dios quiere cuando el enfermo está al borde de la desesperación?

La intervención de Job, aunque es bastante homogénea, puede dividirse en cinco partes: apelación a Dios como único responsable de su infortunio y el único que puede poner remedio (6,1-10); lamento por su soledad y abandono de los familiares y parientes (6,11-20); queja por el trato de aquellos amigos suyos que, en vez de consolarle, le agobian con razonamientos fríos y acusadores (6,21-30); nuevo lamento por su estado de postración sin esperanza de restablecimiento (7,1-10); nueva apelación a Dios, porque le ha convertido en el blanco de su ira (7,11-21).

Más que a sus amigos, Job se dirige a Dios en son de queja: siendo omnipotente, deja al hombre abandonado en su miseria. De este modo expone con toda crudeza el problema del sufrimiento, achacando a Dios su causa y esperando de Él la solución.

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