COMENTARIO
Job anhela la muerte, no por desesperación, sino por temor a sucumbir bajo el peso del dolor y «renegar de los mandatos del Santo» (cfr v. 10). Hasta ahora no se ha levantado contra Dios, frente a lo que opina Elifaz, el temanita (cfr 4,7-11), pero ansía morir porque, como les ocurrió a Moisés (cfr Nm 11,15) o a Elías (cfr 1 R 19,4), duda de su propia capacidad de resistencia. En ningún momento piensa Job en quitarse la vida, lo que constituiría un gravísimo pecado, sino en que sea Dios mismo quien le conceda la muerte: «Pues Dios lo comenzó, que lo acabe, y pues me ha llagado de muerte, que acabe de dármela y que no me hiera con tenedor, sino que suelte a su mano la rienda para que deshaga enteramente a éste que tiene ya tan deshecho» (Fray Luis de León, Expositio libri Iob 6,9).