COMENTARIO
Job comprende que sus interlocutores han dejado de ser amigos para convertirse en sabios contrincantes; llegaron con muestras de afecto, pero, ante tanto tormento, se han llenado de temor (v. 21). Job ya no les pide los favores de la amistad (vv. 22-23), pero al menos espera que sean leales en el debate: ya no está en juego su vida o sus bienes, sino su honra y su justicia (v. 29).
Algunos comentaristas antiguos han deducido de estas palabras de Job una enseñanza sobre la necesidad de evitar las discusiones, ya que con frecuencia producen más perjuicios que beneficios. En este sentido San Lorenzo Justiniani, primer patriarca de Venecia, del siglo XIII, escribía: «La disputa es saeta encendida por el diablo para perder a las almas. ¡Cuántas rencillas y cuántos odios han nacido de la discusión! ¡Cuántas veces se oculta la verdad o se defiende el error por miedo a saberse vencido! Es malo dedicarse a discutir, porque se disgregan los lazos de la amistad y se disuelven los vínculos de las almas» (De disciplina et perfecta monastica conversatione 13).