COMENTARIO

 Sal 2,1-3 

En los vv. 1-3 se emplean términos hiperbólicos, ya que Israel, sólo en contadas ocasiones y por poco tiempo, tuvo sometidos reinos de su alrededor como Edom, Moab, o Amón. Pero en la perspectiva del salmo, el rey de Israel, en cuanto ungido de parte de Dios (cfr 1 S 16,13) representa a Dios, y por eso a Él se han de someter todos los pueblos y reyes de la tierra. Cuando éstos atentan contra el Ungido del Señor, lo hacen contra el mismo Dios (v. 2); cuando pretenden escapar del vasallaje a ese rey, están rechazando a Dios (v. 3). Las palabras de los vv. 1-2 las vieron cumplidas los Apóstoles en el acuerdo entre Herodes y Poncio Pilato para dar muerte a Jesús (cfr Hch 4,25-26); y pueden verse cumplidas a lo largo de la historia en los ataques que sufre la Iglesia. San Josemaría, que utilizó muchas veces este salmo en su predicación, comentaba: «¿Lo veis? Nada nuevo. Se oponían a Cristo antes de que naciese; se le opusieron, mientras sus pies pacíficos recorrían los senderos de Palestina; lo persiguieron después y ahora, atacando a los miembros de su Cuerpo místico y real. ¿Por qué tanto odio, por qué este cebarse en la cándida simplicidad, por qué este universal aplastamiento de la libertad de cada conciencia?» (Es Cristo que pasa, n. 185).

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