COMENTARIO
El punto culminante del salmo es la alegría, paz y seguridad que Dios otorga al hombre que confía plenamente en Él y acude a Él en los momentos difíciles. A la tribulación exterior, Dios responde concediendo paz interior. Así, por ejemplo, lo reafirmaba Santa Teresa de Jesús a sus monjas: «Poned los ojos en vos y miraos interiormente, como queda dicho; hallaréis vuestro Maestro, que no os faltará, antes mientras menos consolación exterior, más regalo os hará. Es muy piadoso, y a personas afligidas y desfavorecidas jamás falta, si confían en Él solo. Así lo dice David, que está el Señor con los afligidos. O creéis esto o no. Si lo creéis, ¿de qué os matáis?» (S. Teresa de Jesús, Camino de Perfección 29,2).
Las últimas palabras del salmo (v. 9) son especialmente aptas para ser recitadas antes de acostarse. Aparecen recogidas en la oración para antes del descanso nocturno en la Liturgia de las Horas.