COMENTARIO

 Sal 5,9-11 

Ahora el salmista no sólo pide que Dios le escuche y le defienda (cfr Sal 3,8), sino que le guíe por el camino de la justicia —de la santidad— que Dios ha manifestado en sus leyes. De esta forma sus enemigos no tendrán fundamento para acusarle. La caracterización de los impíos culmina en que se han rebelado contra Dios (v. 11), y esa rebelión se manifiesta en las mentiras e intrigas tramadas contra el justo (vv. 9-10); en algunos salmos se trata de maquinaciones contra el rey cuando parece que éste ha perdido fuerza para mantener su reinado (cfr Sal 17; 25; 35; etc.). En el v. 10 la maldad del impío se expone con cuatro imágenes construidas a partir de cuatro partes del cuerpo humano, indicando así la perversión de toda la persona. San Pablo tomará la segunda parte de este versículo para perfilar la imagen pecadora del hombre, sea judío o gentil, que necesita la redención de Cristo (cfr Rm 3,13). Las imprecaciones del v. 11 son una apelación a Dios para que el justo se salve, dejando que el impío sufra en sí mismo las consecuencias de sus propios actos. En eso consiste el «castigo» divino.

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