COMENTARIO
Dos rasgos caracterizan a Dios como juez: Él es el juez supremo y universal de los pueblos; y Él conoce verdaderamente el pensar y el querer —«el corazón y las entrañas»— de cada hombre (v. 10). También nuestro Señor Jesucristo, como Dios, «conocía el interior de cada hombre» (Jn 2,25) y no necesitaba que nadie le informara sobre los hombres. «Nada hay escondido para el Señor, sino que aun nuestros secretos más íntimos no escapan a su presencia. Obremos, pues, siempre conscientes de que Él habita en nosotros» (S. Ignacio de Antioquía, Ad Ephesios 15,3).