COMENTARIO

 Sal 8,4-10 

Entre los humildes que reconocen a Dios se encuentra el salmista que manifiesta su admiración ante el hecho de que Dios, creador del universo, se haya fijado en el hombre y haya cuidado especialmente de él, y le haya dado además el dominio y señorío sobre toda la creación, haciéndole partícipe de su propio poder (vv. 6-9). Expresa de una manera poética que el hombre es «imagen y semejanza» de Dios (cfr Gn 1,26-27). El reconocimiento de la grandeza del hombre lleva a la contemplación de la grandeza infinitamente mayor de Dios. Contrasta con la actitud de quien, creyéndose poderoso, rechaza a Dios y se rebela contra Él (cfr v. 3).

«Poco menor que los ángeles» (v. 6). Así traducen los Setenta y las versiones latinas. En hebreo dice literalmente «poco menos que un dios» o «que unos dioses», aludiendo a los seres intermedios entre el dios supremo y los hombres, que se adoraban en el panteón cananeo.

En la Carta a los Hebreos se citan las palabras de los vv. 5-7 para afianzar la esperanza en el futuro mundo glorioso que pertenece a Cristo y que ya ha comenzado a realizarse con su resurrección y ascensión a los cielos: «Ahora no vemos que todo le esté ya sometido. En cambio, a aquel que fue hecho por un momento inferior a los ángeles, a Jesús, le vemos coronado de gloria y honor a causa de la muerte padecida. De modo que, por gracia de Dios, experimentó la muerte en beneficio de todos» (Hb 2,8-9). San Pablo apela asimismo al v. 7 para enseñar que la muerte será vencida definitivamente por Jesucristo, y que la creación entera será sometida a Dios por la obra redentora de Jesús: «Como último enemigo será destruida la muerte porque [Dios] ha sometido todas las cosas bajo sus pies [de Cristo]… Y cuando le hayan sido sometidas todas las cosas, entonces también el mismo Hijo se someterá a quien a él sometió todo, para que Dios sea todo en todas las cosas» (1 Co 15,26-28). El sometimiento de la creación al hombre y con él a Cristo está, por tanto, en proceso; pero ya se ha iniciado de manera irreversible en la resurrección de Jesús. Cristo lo va realizando mediante la Iglesia, en la medida en que los cristianos ponen a Cristo en la cumbre de todas las actividades humanas. Pues Dios «todo lo sometió bajo sus pies [de Cristo] y a él lo constituyó cabeza de todas las cosas en favor de la Iglesia, que es su cuerpo, la plenitud de quien llena todo en todas las cosas» (Ef 1,22-23). «La Sagrada Escritura enseña que el hombre ha sido creado “a imagen de Dios” capaz de conocer y amar a su Creador, y que ha sido constituido por Él señor de todas las criaturas terrenas (cfr Gn 1,26; Sb 2,23), para regirlas y servirse de ellas glorificando a Dios (cfr Si 17,3-10)» (Gaudium et spes, n. 12).

Con este salmo se da gracias a Dios por la dignidad que le ha otorgado al hombre. «Señor, ¿qué es el hombre para que le des importancia, para que te ocupes de él? Porque te ocupas ciertamente de él, demuestras tu solicitud y tu interés para con él. Llegas hasta enviarle tu Hijo único, le infundes tu Espíritu, incluso le prometes la visión de tu rostro. Y, para que ninguno de los seres celestiales deje de tomar parte en esta solicitud por nosotros, envías a los espíritus bienaventurados para que nos sirvan y nos ayuden, los constituyes nuestros guardianes, mandas que sean nuestros ayos» (S. Bernardo, Sermones de tempore 3).

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