COMENTARIO

 Salmo 9 

Sal 9 tiene la estructura de un himno de alabanza a Dios por la salvación que Él otorga (vv. 2-13), al que sigue una petición apoyada en la experiencia de la salvación anterior (vv. 14-21). Cada estrofa desarrolla un aspecto de la alabanza a Dios o un motivo por el que se suplica. Se inicia con la alabanza personal a Dios (vv. 2-3), que es al mismo tiempo una acción de gracias, pues a continuación se exponen los motivos que hacen surgir la alabanza: primero, la retirada y supresión de los enemigos (vv. 4-7); y segundo, la confianza en Dios como juez universal (vv. 8-11). La alabanza concluye con la invitación de quien la eleva a que otros se unan a ella y la dirijan al Dios de Israel que ha puesto la morada en el Templo de Jerusalén (vv. 12-13). Comienza luego una súplica, también de carácter personal, en la que el salmista pide la intervención divina para salvarle de la muerte y poder así seguir proclamando en el Templo su salvación (vv. 14-15). Esta súplica se apoya en la experiencia de lo que ha sucedido a las naciones y a los malvados (vv. 16-18; cfr vv. 4-7), y en la confianza de que Dios cuida del pobre y del afligido (v. 19). La petición concluye invocando nuevamente al Señor para que actúe y manifieste su poder a las naciones (vv. 20-21).

Para el cristiano la garantía del juicio final implorado en Sal 9 está ya en la resurrección de Jesucristo, tal como enseñaba San Pablo a los atenienses: «Dios ha permitido los tiempos de la ignorancia y anuncia ahora a los hombres que todos en todas partes deben convertirse, puesto que ha fijado el día en que va a juzgar la tierra con justicia, por mediación del hombre que ha designado, presentando a todos un argumento digno de fe al resucitarlo de entre los muertos» (Hch 17,30-31).

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